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BeReal, la aburrida y magnífica bendición de la cotidianidad doméstica

Desde que descargué BeReal, cada tanto la aplicación me envía notificaciones para recordarme que, si quiero ver en que andan mis contactos en dicha red, debo primero compartir en qué ando yo. Eso con ciertas condiciones: uno, no puedo ver mi cámara frontal, y la aplicación sí o sí va a subir una foto mía desde dicha perspectiva, así que como buen Millenial en la mitad de sus 30, la foto que muestra mi rostro va a ser o bien en contrapicado con especial foco en mi creciente papada o bien de mi cara con los ojos cerrados y una sonrisa impostada; dos, no puedo ponerle ningún filtro; y tres, el contenido que comparta tiene una duración efímera de 24 horas y después de dicho tiempo, el contenido no va existir más, ni siquiera en un archivo personal u oculto. A mí, que poco me importa ver en que andan mis contactos y menos compartir en qué ando yo, BeReal me parecía un enigma a descifrar.


Creada por dos franceses, Kevin Perreau y Alexis Barreyet, un ex empleado de GoPro, para agosto de 2022, BeReal estaba en la segunda posición de las apps gratuitas más populares en App Store a nivel global y en la posición 30 de Google Play, por encima de Netflix, Duolingo, Booking, Glovo o Uber. La aplicación fue lanzada antes de que el mundo se fuera a pique en pandemia, pero no fue sino hasta el 1 de enero de 2022 cuando empezó a despegar, gracias en parte a un bien pensado programa de marketing que incluía influenciadores en las principales universidades europeas y norteamericanas. Sus usuarios activos mensuales han crecido un 315% y, según la compañía, sus descargas suman 7,67 millones. El éxito es tal, que, como era de esperarse, Instagram intentó copiarla. Alessandro Paluzzi, un conocido filtrador de funciones de redes sociales descubrió una prueba interna en Instagram llamada "IG Candid" que es, prácticamente, una copia de BeReal.


La mecánica de uso de BeReal, como ya expliqué, es sencilla pero recia. Durante el transcurso del día, la aplicación va a ofrecernos, al azar y sin previo aviso, una ventana de dos minutos para compartir en una sola imagen, qué estamos haciendo y cómo nos vemos en el momento, puesto que la imagen tiene encuadrada en la esquina superior izquierda una captura sin avisar de la cámara frontal de nuestro dispositivo. No existen en ella las fotos súper editadas, ni con filtros que muestran realidades ficticias o impostadas, perfectas o envidiables. Lo que se comparte es espontaneo y sin pulir y es allí donde radica su carácter diferenciador. También efímero, pues desaparece a las 24 horas de ser compartido.


Intenté hablar con algunas personas que ya tuvieran instalada la nueva red social en sus celulares, pero al ser una novedad aún en el mercado colombiano son pocos quienes se declaran usuarios activos. Felipe, de 24 años me contó que la había descargado luego de ver a algunos de sus pares compartiendo este tipo de contenido en Instagram (sí, una vez publicada la foto en la aplicación, se puede compartir en otras redes) y de ahí había surgido la curiosidad que lo impulso a descargarla y probarla, también me compartió lo que no le gustaba y lo que sí:

“No me traman las notificaciones diarias, me parecen muy insistentes, Además esos recordatorios de los dos minutos me parecen raros, me parece que es como si te presionaran a publicar y eso no me parece tan chimba, lo que sí me parece severo es la posibilidad de mostrar mi día tal y cómo es, en la u, por ejemplo, nada de filtros ni nada, y también me gusta que para poder ver en que andan mis amigos, tengo yo que publicar algo"


Juan Daniel, algo mayor que Felipe, planteaba de manera desprevenida una de las características más interesantes que plantea BeReal:


“cuando me suena la alerta de subir foto casi siempre estoy frente al compu o en la sala viendo tele… poco cambio las cosas de lugar entonces siempre se ve lo mismo”


La notificación diaria y aleatoria nos recuerda que nuestra cotidianidad no es tan fabulosa ni tan envidiable como la que muestran algunas personas o influenciadores en otras redes. Que nuestra cotidianidad es eso, una amalgama de rutinas de lo más normales e intrascendentales y en eso se nos va la vida. Eso capaz es, sin pretenderlo, lo más llamativo de la red: la relación que traza entre su obligatoria aleatoriedad y nuestras, a veces magníficas, pero mayoritariamente aburridas vidas cotidianas.


BeReal plantea además una vuelta de tuerca al perfeccionismo y la necesidad de exposición permanente de otras redes como TikTok o Instagram. ¿De cuándo acá y por qué nace esa necesidad no sólo de compartirle al mundo dónde y qué estamos haciendo todo el tiempo? ¿por qué al hacerlo, necesitamos que la foto sea “perfecta”? El advenimiento y consolidación de las redes sociales no lleva más de dos décadas. Sin embargo, en este tiempo nuestras prácticas culturales y sociales se han modificado para siempre. Atrás quedó, por ejemplo, el sudor frío que recorría la espalda cuando, siendo adolescentes, nos animábamos a llamar por teléfono a la chica o al chico que nos gustaba con el riesgo inminente de encontrarnos al otro lado de la línea, con la voz grave y tenebrosa de su padre. Hoy llamar a alguien directamente al teléfono es una rareza, cuando no un abuso.


Redes como Instagram y Tiktok, por no mencionar al cada vez más en desuso Facebook, han establecido para algunas personas una necesidad constante de comunicarle a sus contactos y al mundo general, cómo se sienten, qué piensan, en dónde están, qué están comiendo, con quién están. Nuestras vidas convertidas en realities shows canjeados por unos cuantos likes. Esclavos de la aprobación es inevitable terminar midiendo nuestro éxito en manitos arriba o corazoncitos. Pero además no compartimos nuestras vidas sin antes ponerle un filtro a nuestra propia realidad, paisajes perfectos, rostros perfectos. Esto ha tenido enormes implicaciones para los jóvenes que crecen con la cada vez mayor presión de ser, o al menos parecer perfectos.


Un estudio publicado en 2021 en el Journal of Youth and Adolescence plantea que el riesgo de suicidio a largo plazo entre las chicas jóvenes ha aumentado junto con el tiempo que utilizan Instagram, TikTok y otras redes sociales a diario. Como informó Sarah Coyne, la autora principal del artículo, "la investigación muestra que las niñas y las mujeres en general están muy en sintonía con las relaciones y son sensibles a los factores de estrés interpersonales, y los medios sociales tienen que ver con las relaciones". También añadió que "a los 13 años, las niñas están empezando a estar preparadas para manejar el lado más oscuro de las redes sociales, como el FOMO (miedo a perderse algo), las comparaciones constantes y el ciberacoso. Una niña de 13 años probablemente no está [...] preparada para tres horas de medios sociales al día". Instagram puede ser el responsable del 6 por ciento de suicidios en adolescentes y los dueños de la plataforma lo saben.


En este escenario surge BeReal, encaminada a, como su nombre lo indica, invitar a las personas a ser auténticas. Una invitación que atiende esa necesidad de socialización tan propia de nuestra especie, explotada hasta más no poder por las nuevas formas de comunicarnos y mantenernos en contacto. Las redes sociales tradicionales han de dar cuenta entonces del enorme crecimiento que ha tenido esta nueva red, y el porqué de su éxito.


Mientras que la red se populariza en Colombia, yo seguiré sin entender la necesidad de compartir cada cosa que hago con un montón de, en su mayoría, desconocidos. Seguirá sin impórtame ver en que andan mis contactos y menos compartir en qué ando yo, pero al menos ahora BeReal ya no será un enigma sin descifrar, sino un virtual recordatorio de la aburrida y magnífica bendición de la cotidianidad doméstica.


Autor: David Montaño CX Strategy Lead Zenith

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