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Indiferencia

Actualizado: 30 de nov de 2019

En un mundo de negocios tan dinámico y exigente, y con todas las situaciones que atraviesan nuestras sociedades, parece imposible permanecer indiferentes. Sin embargo, hoy quiero invitarte a darte el permiso de serlo, pero con una mirada diferente. En principio, esta palabra puede sonar distante, seria, como ajena a cualquier cosa que construya, pero hace unos años durante una visita que le hice a Conejo, un sacerdote a quien quiero mucho, él cambió para siempre el sentido de la palabra Indiferencia para mi.

Desde muy niña me entregaron un plan a seguir que le daría sentido a mi vida, me dijeron que debía estudiar mucho en el colegio para ir a una de las mejores universidades, así podía estudiar una carrera “con futuro” que me garantizara buenos ingresos económicos, en el camino debía casarme y tener hijos. Con el éxito laboral y una familia, seguro iba a ser feliz. Yo hice la tarea, tal como me pidieron los adultos, fui buena estudiante, deportista, buen promedio en la universidad y para cuando cumplí 30 años ya había hecho una especialización y pasado por una multinacional con responsabilidades para la región andina, era gerente general de una compañía de educación en tecnología, me había casado completamente enamorada y estaba esperando a mi primer hijo. Es decir, había cumplido con el modelo de éxito que me enseñaron y por lo tanto sentía que era feliz.


Sin embargo, en ese momento mis planes y los planes que el universo tenía para mi no coincidieron. Cuando tenía 4 meses de embarazo los médicos me dijeron que las probabilidades de que mi hijo, Andrés, viviera al nacer eran del 16%. A pesar de que decidí vivir el embarazo con el mayor optimismo y tranquilidad posible, confiando en que mientras había vida había esperanza, fue una época muy difícil en la que nada parecía tener sentido. En este proceso visité a Conejo, quien había sido mi asesor espiritual en el colegio y la universidad, fui a pedirle ayuda para tratar de entender cómo podía pasar algo así, cómo esperaba Dios que yo atravesara esta situación en la que entre más cerca estaba el nacimiento de mi hijo, también más cerca estaba de su muerte. Aprendí muchas cosas en esa conversación que cambiaron mi postura frente a la vida para siempre, pero la que más huella dejó en mi, fue cuando Conejo me dijo: “Pídele a Dios fortaleza, que seguramente te la va a dar, pero sobre todo pídele indiferencia, es decir, pídele que pase lo que pase tu no pierdas tu capacidad de ser feliz”. Mi hijo murió 3 horas después de haber nacido, y aunque fue un duelo largo y difícil, esta frase de Conejo me ayudó a darle sentido a esta historia.


Esta nueva definición de Indiferencia ha inspirado en mí el proceso de transformación que me permite ser más consciente de mi misma, de mi propósito y de mi deseo profundo de ejercitar cada día mi capacidad de ser feliz y de acompañar a otros para que lo sean, independientemente de las circunstancias. Aprendí que la Felicidad no es un lugar al cual llegar, no depende de que cumpla o no metas propuestas como conseguir un empleo, ser promovida, tener un buen sueldo o un carro nuevo, poder viajar o aún tener hijos. Aprendí que es un lugar que está en mí, al que puedo acceder cada vez con mayor facilidad, cuando encuentro aprendizaje en una situación o en alguien, cuando me siento agradecida, es un lugar que no tiene nada que ver con el mundo exterior ni con las circunstancias, al que puedo acceder, a pesar de ellas.


La invitación, entonces, es a aplicar desde este lugar la indiferencia, es a reconocer que la felicidad es una capacidad, que la tenemos todos, que está presente siempre más allá de las circunstancias, que cuando lo entendemos así despertamos a una conciencia que nos abre mayores posibilidades a una vida de mayor disfrute, acompañada de los resultados que queremos personal y profesionalmente. Todo lo que sucede a nuestro alrededor tiene el propósito de fortalecernos, de mostrarnos un camino de crecimiento y aprendizaje continuo, de expandirnos en la consciencia del amor que somos y que finalmente le da sentido a cada cosa que hacemos.


Por Claudia Vera

DIRECTORA CREATIVA

Happy On


Pensadora estratégica. Conferencista sobre Felicidad para la productividad y para la vida. Más de 10 años como emprendedora diseñando modelos de educación para y a través del arte. 16 años en el mundo corporativo, liderando equipos de mercadeo y desarrollo de negocios en Colombia y Latinoamérica.

Ingeniera de Sistemas Universidad Javeriana, Especialista en Mercadeo y cursos libres de Literatura en la Universidad de los Andes, Coach Ontológica y Practicante Licenciada en la Ciencia de la Felicidad en el Trabajo. Certificación en Psicología Positiva y Diplomado en Educación en Valores Humanos.

Mamá, Maratonista y Educadora, comprometida con acompañar a las personas en el proceso de construir recursos internos para reconocer su capacidad de ser felices y de inspirar a otros a que los sean.

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